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Editorial NREspanhol

Cómo trabajar la interacción oral en el aula de ELE

El Consejo de Europa (2001) define en su MCER (Marco común europeo de referencia para las lenguas) la interacción como:

“una participación de al menos dos individuos en un intercambio oral o escrito en el que la expresión y la comprensión se alternan y pueden, de hecho, solaparse en la comunicación. No solo pueden estar hablando y escuchándose entre sí dos interlocutores simultáneamente; incluso cuando se respeta estrictamente el turno de palabra, el oyente por lo general está pronosticando el resto del mensaje del hablante y preparando una respuesta. Aprender a interactuar, por lo tanto, supone más que aprender a comprender y a producir expresiones habladas. Generalmente se atribuye una gran importancia a la interacción en el uso y el aprendizaje de la lengua, dado su papel preponderante en la comunicación”.

Incluyó también la consideración de la interacción como una actividad comunicativa de la lengua con entidad propia. Hasta entonces, las destrezas que se tenían en cuenta a la hora de preparar programas académicos para la enseñanza de lenguas eran las dos comprensiones (lectora y auditiva) y las dos expresiones (escrita y oral). A partir de entonces, se empieza a hablar de la interacción y de la mediación, de su peso específico en la enseñanza de idiomas y de las estrategias para introducirlas en el aula.

De las seis actividades comunicativas, la interacción es la única que está basada en el principio de cooperación (Grice, 1975). Es un principio pragmático por el cual los dos interlocutores de una interacción se comprometen de manera tácita a participar en la misma atendiendo a conocimientos previamente adquiridos, y es el conocimiento de esos contenidos extralingüísticos o pragmática, lo que marca el nivel de dominio de la L2.

Descifrar los turnos de palabra, la gestión de los silencios o la entonación en una conversación supone cubrir una necesidad básica para el buen entendimiento del mensaje que se quiere transmitir. La pragmática es, por tanto, una disciplina que toma en consideración los factores extralingüísticos que determinan el uso del lenguaje, precisamente todos aquellos factores a los que no puede hacer referencia un estudio puramente gramatical: nociones como las de emisor, destinatario, intención comunicativa, contexto verbal, situación o conocimiento del mundo van a resultar de capital importancia. (Escandell, 1993).

Se desprende de la definición del MCER que la interacción oral depende directamente del uso simultáneo de dos actividades comunicativas de la lengua (una de comprensión y otra de expresión), por lo que se pondrían en juego estrategias de codificación y de decodificación de manera constante. Más aún si tenemos en cuenta que el público al que nos estamos dirigiendo son estudiantes de lenguas extranjeras.

Otra característica que cabe destacar de la interacción oral es que es una comunicación inmediata e improvisada, frente a la comunicación diferida y con más andamiaje de la interacción escrita. El hecho de que nosotros, los profesores de L2, dirijamos más o menos claramente las interacciones de nuestros estudiantes hacia los objetivos que queremos conseguir no hace que sea menos improvisada, puesto que los conocimientos inherentes a cada individuo afectan de manera clave a la producción.

La imbricación de actividades de interacción oral en el aula es uno de los pilares de la enseñanza de lenguas en la actualidad. Los docentes de ELE intentan motivar a sus estudiantes a que utilicen la lengua en contextos alejados del aula, y la mejor preparación para esa “vida real” es, sin duda, desarrollar un uso funcional de la lengua “intramuros”, mediante la exposición de los estudiantes a contextos de comunicación real. Las actividades basadas en trabajo específico de la interacción oral están orientadas a un uso práctico de la lengua, son la base para la puesta en juego de los contenidos funcionales de cada nivel.

Este trabajo de la interacción oral en los diferentes contextos educativos existentes puede provocar la aparición de ciertas dificultas originadas en la propia idiosincrasia del contexto o del grupo al que están dirigidas, o provenientes de la pragmática de la L1 o de la lengua de comunicación del grupo, del componente afectivo en el aula, de las condiciones físicas de la clase, etc.

A continuación mencionaremos algunas de las dificultadas más problemáticas con las que se enfrenta el profesor cuando intenta integrar las actividades de interacción oral en el aula, y posibles acciones que podrían ayudar a solucionarlas.

Dificultad:

  • En los grupos en los que la trayectoria educativa del
    país no fomenta la interacción oral, los profesores se
    encuentran con la dificultad de la “no necesidad” de hablar.
    Los alumnos no necesitan comunicarse para aprender la
    lengua porque así lo han hecho con las otras lenguas de su
    perfil lingüístico.

Acciones que hay que desarrollar:

Para eliminar ese miedo a hablar, se tienen que fomentar las actividades de interacción desde niveles iniciales, desde el primer día de clase. Hay que proporcionar al estudiante oportunidades para que produzca y demuestre que realmente está adquiriendo la lengua.

Figura 1. Vente 1. Unidad 1. Página 9. Fomento de la interacción oral desde los
primeros pasos en el español.

Dificultad:

  • Las explotaciones didácticas que proponen los docentes
    o los materiales que usamos en clase no permiten explotar
    todos los contenidos que realmente se pretenden explotar.
    Las estrategias de los estudiantes les permiten eludir
    la utilización de los recursos que realmente se quieren
    trabajar.

Acciones que hay que desarrollar:

Es importante introducir en nuestra clase actividades rentables y variadas para que el estudiante disponga de un mayor repertorio lingüístico y funcional y sea capaz de responder a las tareas que les proponemos en las clases. Rentables en cuanto a que puedan, realmente, poner en práctica las actividades realizadas en la clase; variadas en cuanto a que preparemos a nuestros estudiantes para los diversos contextos a los que se puede enfrentar en su producción de L2.

El MCER destaca en este sentido diferentes tipos de actividades que recomienda trabajar para fomentar la adaptación del estudiante a diferentes ámbitos: transacciones, conversaciones casuales, discusión informal – formal, debates, entrevistas, negociación, planificación conjunta, cooperación para alcanzar un objetivo, etc.

Figura 2. Vente 1. Unidad 1. Página 11. Variedad de tipología de actividades.

Dificultad:

  • Los estudiantes tienen claros los contenidos gramaticales,
    pero a la hora de ponerlos en práctica cometen muchos
    errores.

Acciones que hay que desarrollar:

Cuando centramos la atención en los contenidos gramaticales y descuidamos los demás contenidos, podemos provocar en el estudiante un rechazo a producir por miedo a cometer errores. Es importante que los profesores trabajemos de manera secuenciada todos los componentes de la competencia comunicativa para no generar estudiantes que tengan muy buenos resultados en una competencia, y que sin embargo sean incompetentes en las demás.

Figura 3. Vente 1. Unidad 1. Página 17. Trabajo integrado de todas las competencias.

Dificultad:

  • Otra de las dificultades principales a las que se enfrentan
    los docentes cuando proponen actividades de interacción
    en el aula es el uso de la L1 por parte de los estudiantes.
    En muchas ocasiones los estudiantes de L2 que comparten
    una lengua de comunicación hacen un uso desequilibrado
    entre la L1 y la L2.

Acciones que hay que desarrollar:

Si dotamos a los estudiantes de modelos reales de lengua que ellos puedan replicar en la lengua meta que están aprendiendo, les facilitaremos la puesta en juego de los conocimientos adquiridos en clase. Estas muestras reales les servirán de objetivo comunicativo, y de muestra de cultura y pragmática que ellos podrán aplicar a las situaciones que el profesor proponga en clase y a las situaciones que se den en contextos más allá de las aulas. Un buen ejemplo de este tipo de muestras son los vídeos, donde los estudiantes pueden observar el contenido gramatical, funcional y pragmático.

Figura 4. Manual de uso Vente A1 – Libro digital del profesor con vídeos.

En resumen, las actividades comunicativas dirigidas a fomentar la interacción oral en el aula de L2 deben ser rentables, variadas y basadas en usos funcionales que los estudiantes puedan replicar. Los aprendientes tienen que enfrentarse a modelos de lengua reales desde el primer día y las actividades de interacción oral deben permitir que el estudiante produzca y se motive en L2. Es importante trabajar todos los componentes de la competencia comunicativa para que haya un desarrollo equilibrado de destrezas, y los estudiantes sean competentes en todos los aspectos de la L2 que están estudiando.

Bibliografía:

• Consejo de Europa, (2001): Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación. Madrid, Instituto Cervantes-Ministerio de Educación, Cultura y Deporte – Editorial Anaya. 2003. https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/ marco/cvc_mer.pdf
• Grice, H. P. (1975). «Logic and conversation». En P. Cole y J. L. Morgan (eds.). Syntax and Semantic. Speech Acts. Nueva York: Academic Press, pp. 41-58.
• Escandell Vidal, M.ª V. Introducción a la pragmática. Madrid: Anthropos, 1993, Capítulo I, págs. 15-29.

El autor del artículo:
Óscar Rodríguez García

Nacido en Salamanca es licenciado en Filología Árabe y máster oficial en Lingüística Aplicada a la Enseñanza de ELE
en la Universidad Antonio de Nebrija.
Ha sido profesor en los Institutos Cervantes de Rabat, de Bruselas y de Orán durante más de siete años. También ha
sido director académico de un centro de enseñanza de ELE en San Petersburgo donde ejerció como responsable del
centro de formación de profesores y coordinador del centro de exámenes DELE.
Cuenta con amplia experiencia en la formación de profesores en varios campos, sobre todo en los relacionados con las
nuevas tecnologías en la enseñanza de L2 y es autor y coautor de diversos manuales y materiales para la enseñanza
de ELE, entre ellos ¿Español? ¡Por supuesto! Niveles A2+ y B1, de la editorial EDELSA.
Actualmente es Asesor Didáctico de la Editorial EDELSA (Departamento de Investigación Didáctica y comunicación.
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